Es solo una idea
aquella línea
el lugar que ocupo
que no soy tú
el territorio empaquetado
esta fricción.

Hoy me dijeron que allá es mejor para mí y no supe contestar en mi idioma. Ahora ya no escucho sirenas. Ni chacales. Ni disparos. Este soy yo articulando preguntas sobre ayer, porque a veces pienso que no se puede hablar de cuerpo sin hablar de frontera. Quedará el paisaje. Lo demás partirá. Por la puerta de atrás. Haciendo ruido. A través de los tornos. Al final del pasillo. Pasando por aquella tienda de regalos que huele a mentira. Quedará la contradicción. El capital. Aunque a nadie le importe la ceguera. La amistad. O el lenguaje.

Entre las grietas de lo que impedimos ya no vemos nada. Y nos dormimos deseando despertar mañana ahí, y siempre ahí, porque ahí es un contrato con nuestra identidad. O con las tablas de no sé qué. Dicen que dentro de poco ya no podré ser. Las velas arden a las 18:53 y entonces la corriente es pecado. Los espejos también. Pero el ascensor funciona toda la noche y eso está ok*. Yo no aprieto el botón por las dudas. Bajamos la persiana para escondernos. Para encender la tele. Para hacer lo que queramos. Para embestir montañas de comida prohibida que devoramos con la culpa, o con un placer demasiado parecido a la violencia. A la huida. No hace falta un final porque mañana es así, y siempre así, aunque nadie entienda este mapa. Lo liminal. Lo que nos separa. Yo te extiendo la mano. Me precipito al viento.


* Un ascensor de shabat trabaja de forma autónoma deteniéndose en cada planta, permitiendo entrar y salir sin tener que presionar ningún interruptor. Su finalidad es la de satisfacer un precepto judío que requiere a los practicantes abstenerse de manejar electricidad en shabat (sábados).


Spain.
2021. 65’.


Centro José Guerrero. FACBA 2021. (Granada, Marzo – junio 2021).